En Diferido

Triste, pero cierto. Somos la generación que vive en diferido, la generación que ve la vida a través de una pantalla. En unos años hemos pasado de ver la caja tonta a no poder vivir sin “las cajitas inteligentes” (smart phones).

La tecnología está evolucionado muy rápido, tanto que nos está haciendo involucionar como seres sociales, no estamos preparados para tal avance, no somos capaces de asimilarlo y hacer un buen uso de ello. Tienes a tu alcance un 24 horas de información, un archivo cronológico infinito donde almacenar toda tu vida, una memoria eterna a la que puedes recurrir para rememorar tus logros o para fustigarte por tus fracasos, algo que incluso puede llegar a convertirse en algo obsesivo.

Es maravilloso como los nuevos medios nos sirven como herramienta de difusión, como nos pueden ayudar a acortar distancias entre personas, como nos podemos sentir tan cerca de alguien que está a cientos de kilómetros solamente con iniciar un chat o una videollamada, como mantener contacto con quien nos importa, por encima de cualquier circunstancia. Pero vivimos tan conectados, tan sobre estimulados por cantidades de información virtual innecesaria, que se está volviendo en nuestra contra, nos está alejando. Nos hemos convertido en seres completamente socio-virtuales olvidando nuestras más preciadas habilidades comunicativas en un simple cara a cara, olvidando lo realmente importante, disfrutar de las distancias cortas, disfrutar de los momentos reales.

Somos esclavos de Internet.

Y es que a día de hoy no hay sitio al que vayas que no veas a una persona pegada a su teléfono, perdiéndose todo lo que pasa a su alrededor, toda su visión periférica. Grupos de amigos sin hablar entre si, parejas cenando mirando a sus pantallas, público de un concierto que disfruta de la actuación a través del video que está grabando, nuevos fotógrafos que hacen de momentos cotidianos el instante más importante del día…Que levante la mano aquel que nunca haya sido ignorado por alguien que desviaba su atención hacia su “cajita inteligente”.

Nos alejamos cada vez más de la vida real, nos abstraemos y nos sumergimos en lo que se supone que es un mundo perfecto, perfiles autodiseñados donde mostramos lo que queremos que vean, una falsa imagen de nosotros mismos que creamos a cambio de un puñado de “Me gusta” que alimenten nuestro ego.

Recuerda: A la única persona a la que tienes demostrarle que eres feliz, es a ti mismo.

Todos necesitamos cariño, pero no el cariño de unos “Likes” o de unos pocos emoticonos, sino cariño del de verdad, del que se demuestra con besos, con abrazos o con chistes malos. Cariño de alguien que te pregunte un “¿qué tal estás?” o un “me alegro de verte” mirándote a los ojos. Hemos empezado a no echar de menos, a no trabajar las amistades, ni a cultivar poco a poco las relaciones humanas, incluso hemos empezado a no llamar. ¿Cuándo fue la última vez que tuviste una larga conversación por teléfono? Estamos dejando de quedar, de vernos, de escuchar…de recorrernos kilómetros por ver a alguien del que hace mucho del que no sabemos nada, total, lo tenemos a un clic.

¡Que hace falta más carne! Y no hablo de filetes amigos vegetarianos. Que queremos más piel y menos zonas Wifi.

Todo el mundo asegura no estar enganchado, pero la realidad es que la mayoría de la sociedad sufre una seria dependencia, un pequeño miedo a perderse algo. ¿Podrías vivir sin ello? Sé que no es fácil, sobre todo cuando tu trabajo te obliga a estar conectado todo el día, pero te aseguro que hubo un tiempo en el que vivíamos sin ello. Lo juro, lo vi con mis propios ojos.

Haz la prueba. Desconecta.

  • ¿Cuantas veces al día chequeas tus redes sociales en busca de nuevas notificaciones? ¿Cuanto tiempo puedes estar sin mirar tu teléfono? Calcula cuanto tiempo pasas “online”, haciendo cosas que no son de vital importancia y que nada tienen que ver con tus que haceres.
  • Ahora piensa en todo aquello que siempre has querido hacer y para lo que nunca tienes demasiado tiempo.
  • ¡Tachán! Si restas el tiempo de estar “en línea” y lo inviertes en aquello que realmente quieres, tienes una forma de amortizar tu tiempo y sacarle el mayor provecho.

Desconecta, pero desconecta de verdad, no tengas miedo de “quedarte fuera”, conecta con tu vida real, tu teléfono móvil puede esperar, aunque ese dichoso grupo no deje de vibrar.

Disfruta de esa mirada, de esa conversación entre cervezas, de ese precioso paisaje y de la compañía que te rodea.

Disfruta de tu vida, en vivo y en directo.


Artículo escrito por Esther Carreras, formando parte de la serie de textos “Donde me quieras llevar“.
Esther es artista polivalente, ilustradora, animadora, música y compositora.

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