El futuro en nuestras manos, una responsabilidad

Ago 17, 2016
Guillermo Ayestarán

Siempre he sido tremendamente inquieto y curioso. Creo que mis padres tienen buena parte de “culpa” en el conjunto intereses e inquietudes que tengo actualmente.

Una vez terminado el colegio y antes de empezar la universidad, sentí la necesidad de descubrir Europa por mí mismo, quería experimentar su diversidad más allá de todo lo que había aprendido en los libros. Para mí era importante poder costearme el viaje yo mismo, por lo que decidí trabajar de basurero durante San Fermín. A pesar de las exigentes condiciones de trabajo (tenía turno de noche, de 04:00-10:00 am), pude desarrollar una fuerte determinación al centrarme en el viaje que estaba a punto de llevar a cabo.

A través de este increíble viaje (el cual repetí al año siguiente), tuve la oportunidad de conocer a gente extraordinaria, gente que trabajaba con fines drásticamente distintos a los míos. Tuve la suerte de poder entablar una buena amistad con los compañeros de equipo y compartir con ellos anécdotas y sus historias. De esta forma tuve acceso por primera vez en mi vida a una realidad que generó en mí un sentimiento de responsabilidad y una determinación para contribuir personalmente a la generación de oportunidades de desarrollo para los menos afortunados.

Siempre me he sentido comprometido en ayudar a que mi tierra recupere la senda del crecimiento económico sostenible. Hoy más que nunca es necesario realizar un nuevo esfuerzo con una perspectiva más amplia y profunda sobre como resolver los distintos retos a los que se enfrenta la economía del país. Esto sólo puede hacerse a través de individuos comprometidos que además posean la capacidad de asomarse al futuro con una visión crítica y permeabilidad social que asegure el avance colectivo del país. Mi intención sin lugar a dudas es ser uno de ellos.

Creo firmemente que la unidad y desarrollo del mundo pasa por crear un clima de prosperidad sostenible asentada en una economía dinámica y competitiva, al mismo tiempo que impere una sociedad justa donde las personas puedan tener oportunidades para realizarse como ciudadanos y profesionales responsables, comprometidos con su entorno.

De esta forma, uno de los principales retos a los que se enfrenta nuestra tierra es la desertificación del talento debido a la ausencia de oportunidades de calidad más allá de las grandes áreas urbanas. Esto está provocando un declive paulatino en la cantidad y calidad del talento en las provincias. Este hecho a medio y largo plazo provocará un ahogamiento de los recursos y la competitividad en estas regiones y por lo tanto, lastrará la versatilidad, diversidad y potencia económica del país en su conjunto.

Es por ello que siento que nuestra generación tiene la responsabilidad de devolver a la comunidad las experiencias que nos ha regalado la vida, convirtiéndonos en un pilar del desarrollo tanto económico como social de nuestra tierra, generando activamente nuevas oportunidades para esta y las siguientes generaciones.

Sin lugar a dudas me gustaría formar parte de aquellos que sin arrugarse ante el reto que representa, son capaces de tomar el timón de la sociedad y liderar su transformación para asegurar un futuro más próspero y equilibrado. De hecho, no puedo estar más de acuerdo con las palabras de D. Rafael del Pino “Y si aplicamos así nuestro conocimiento a mejorar el bienestar de más gente, habremos cumplido con nuestro deber y habremos contribuido un poco a facilitar la convivencia de los habitantes de la Tierra“.

Es este mismo espíritu el que me impulsó a fundar Agoris, una start-up social con el objetivo de potenciar la calidad de vida de los pequeños agricultores a través de la transferencia de conocimiento agrícola, y como resultado de proyectos dirigidos mejorar su eficiencia a través del desarrollo de técnicas de cultivo.

En Agoris he podido estar en contacto de forma más personal y directa con los principales problemas a los que se enfrentan los pequeños agricultores en países en desarrollo.

Guillermo Ayestarán

De esta forma estoy mentalizado sobre el largo camino que queda por recorrer, y sobre los retos que pueden surgir en el camino, pero sentir la satisfacción de estar aportando nuestro “granito de arena” es más que suficiente para seguir trabajando por ellos.
Está en nuestra mano cambiar nuestro presente y nuestro futuro si no estamos conformes con ello, la buena noticia es depende única y exclusivamente de nosotros, y por eso hay esperanza.

 


Artículo escrito por Guillermo Ayestarán, formando parte de la serie de textos ‘Lo que nunca te habría contado‘. Guillermo es graduado por la Universidad de Navarra y consultor en McKinsey&Company, actualmente realizando un MBA en Columbia Business School. Comprometido con el lado bueno de las cosas.

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