Cuando Muera

*Nota: se recomienda escuchar esta canción mientras se lee el artículo 😉

“No se tome la vida demasiado en serio; nunca saldrá usted vivo de ella” – Elbert Hubbard.

Como suelen decir por ahí, “la vida son dos días”, los años vuelan que da gusto y para cuando te quieres dar cuenta tienes más arrugas que pelo y dientes juntos.

La muerte, aunque muchos nos la intentan decorar con paraísos e infiernos, es el fin de la vida. Sabemos qué día llegamos, pero no cuándo nos toca marchar, y la única verdad que conocemos cuando nacemos es que nuestra vida, tarde o temprano, por mucho que queramos ser eternos, llega a su fecha de caducidad.

Morir es lo más natural del mundo, pero precisamente todo el mundo se empeña en esquivar el tema, como si ignorándolo se evitase lo inevitable. No nos protegemos de la muerte, nos queremos proteger del dolor que conlleva, del sufrimiento de los que se quedan.

A algunos les llega su hora de repente, sin avisar, sin despedirse, sin ni siquiera darles tiempo a ver por última vez su vida como si de una buena película se tratase. Hay quien incluso decide adelantar ese momento como única salida a sus problemas o quien ejerce y se toma la libertad con o sin derecho de arrebatárle la vida a los demás. Otros mueren por dentro, pierden toda su esencia y dejan de ser las personas que siempre fueron, volviéndose auténticos extraños o siendo nosotros quienes nos convertimos en desconocidos para ellos. Y otros muchos se van poco a poco, con cuentagotas, algo que da cierta “ventaja” para reflexionar y hacer balance de todo lo vivido.

Bronnie Ware, experta en cuidados paliativos y terminales, nos cuenta los cinco arrepentimientos más comunes entre los enfermos que saben que el final de sus días está cerca.

  1. Ojalá hubiera tenido el coraje de hacer lo que realmente quise hacer, no lo que los otros esperaban que hiciera.
  2. Ojalá no hubiera trabajado tanto. (Descuidando a las personas de mi entorno)
  3. Hubiera deseado tener el coraje de expresar lo que realmente sentía.
  4. Habría querido volver a tener contacto con mis amigos.
  5. Me hubiera gustado ser más feliz.

Algún día yo también me iré de aquí, dejaré de ser y de estar. ¿Pero sabéis? No me pienso tomar la muerte como un fin, sino como una meta, una meta a la que quiero llegar por todo lo alto, y porque no, batiendo records y aplicando los que he denominado los cinco mandamientos de la vida.

  1. Vivir con las ganas, la fuerza y la ilusión de hacer todo lo que te de la gana, de disfrutar del camino hacia todo aquello que te propones, ejecutándolo de la manera correcta, sin perjudicar ni hacer daño a nadie.
  2. Dedicarte a lo que te apasiona, vivir de ello y que jamás se convierta en un aburrido trabajo, tomártelo como un juego, del que aprenderás, con el que crecerrás y al que siempre ganarás, sin trampa ni cartón.
  3. Decir todo lo que sientes, decir siempre la verdad, de manera sincera y constructiva, a todo aquella persona por la que sientas y por la que creas que merece la pena seguir sintiendo.
  4. Rodearte de quien te haga la vida agradable. Disfrutar, invertir el tiempo y seguir coleccionando momentos con la gente que te cuida, te quiere, te respeta, te valora y te lo hace saber, protegiendo a toda costa ese bien tan preciado llamado amistad.
  5. Permitirte ser todo lo feliz que puedes llegar a ser y provocar todos los cambios que hagan falta para conseguirlo.

No sé cuánto me queda, ni cuándo, ni dónde, ni cómo será, pero lo que tengo muy claro es que no quiero vivir una vida llena de arrepentimientos, miedos, angustias y fracasos que me hundan en lo más profundo. No quiero arrepentirme de nada. No quiero perder el tiempo ni la energía en aquello que no merezca la alegría.

Quiero vivir, atreverme, disfrutar y compartirlo todo.

Como legado os dejo mi esencia, mis ideas, todas ellas plasmadas en textos, dibujos, canciones y momentos. Cada vez que lo necesitéis serviros como si de un buffet libre se tratase. Todo lo que ahora es mio, será vuestro.

Cuando muera, no quiero caras tristes, ni lágrimas de tristeza. Si lloráis que sea de felicidad y orgullo por habernos conocido y por haber vivido juntos momentos maravillosos e irrepetibles. Cuando muera no quiero lamentaciones ni arrepentimientos por no haberme dicho todo lo que siempre me quisisteis decir, decídmelo en vida, siempre es buen momento para escuchar vuestra verdad, mañana puede ser demasiado tarde. Cuando muera no quiero réquiems ni prendas de luto, quiero festivales, batallas de baile, música y color, mucho color. Quiero que sea LA celebración por la pedazo vida que me he corrido con vosotros, por llegar a la meta con los puños cerrados, los brazos alzados al viento, la cabeza bien alta y sin mirar atrás.

Mientras corro mi maratón, seguiré superando cada etapa de mi lista de deseos, seguiré esforzándome día a día por ser mejor persona y predicar con el ejemplo, para que cuando muera, el balance de mi recuerdo sea positivo y todo lo malo desaparezca o sea inexistente. Que siempre que os acordéis de mi sonriáis, bailéis y cantéis.

Al fin y al cabo, nuestro mensaje es lo único que nos hace inmortales.

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Artículo escrito por Esther Carreras, formando parte de la serie de textos “Donde me quieras llevar“.
Esther es artista polivalente, ilustradora, animadora, música y compositora.

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